12 ago. 2013

Tortura y crueldad en la barraca/Tamara Suju Roa

Hace un tiempo escribí un artículo titulado: "La salud como mecanismo de Tortura" donde describía como el entonces gobierno de Chávez no permitía que los presos políticos recibieran atención médica especializada en sus graves dolencias y como los reclamos de sus familiares, abogados y defensores de derechos humanos eran burlados con perversidad.

Luego de las huelgas de hambre que frente a la OEA encabezaran los jóvenes de Operación Libertad y Javú, justamente para llamar la atención nacional e internacional sobre la situación de los presos políticos y las conversaciones que en aquel entonces se hicieron con el gobierno, algunos salieron con medidas humanitarias para recibir el tratamiento médico que necesitaban. El Comisario Henry Vivas, el Comisario Lázaro Forero, Alejandro Peña Esclusa, José Sánchez Montiel y el sindicalista William Saud, no sólo se enfermaron gravemente en las barracas, sino que fueron injustamente privados de vivir junto a sus familias, a quienes se les infligió sufrimiento psicológico que nunca olvidarán.

Yo quiero que ustedes hoy se pongan por unos minutos en los zapatos de cada una de las esposas, hijos, padres y abuelos de los injustamente encarcelados por motivos políticos -así los llamó el Secretario General de la Organización de Estados Americanos J.M. Insulza- y se hagan la idea de que su "familiar preso" tiene por ejemplo cáncer de próstata. El tiempo pasa muy lentamente cuando se está encerrado las 24 horas del día en calabozos sin ventilación natural, sin luz solar y cuya celdas no miden más de 2x 2 metros y las peticiones de asistencia médica oportuna para atender las dolencias son escamoteadas una y otra vez, sin justificación seria, mientras el privado de libertad empeora y la familia angustiada no sabe que hacer.

Imagine usted que luego de la visita se va con sus hijos a casa pensando que cada día que pasa la enfermedad de su familiar preso avanza sin piedad, y sin que usted pueda hacer nada para aliviarlo porque esta a merced de la crueldad de un "Estado" que los mantiene presos porque necesita mantenerlos presos para justificar "acontecimientos históricos" y delegar presuntas responsabilidades en los detenidos, que fueron víctimas de violaciones al debido proceso, incluyendo pruebas y testigos falsos.

Creo que no existe peor sentimiento que la impotencia ante la injusticia y la crueldad. Esa impotencia que como profesional siente uno cuando por ejemplo nos llama un Porfirio Dávila o una Sra. Mercado y nos dicen:"no nos olviden, nuestro familiar sigue secuestrado", o cuando nos llama una madre desesperada diciendo: "¡se están llevando a mi muchacho detenido de la protesta Dra.!", o cuando escucha uno la voz que ya nos suena tan conocida de esos chamos que hemos visto crecer y que nos dicen:"me dispararon a quema ropa y me reventaron la boca", o cuando nos llama una mujer-esposa-llorando y nos dice: "¡el cáncer de mi esposo ha avanzado y ya no sé que hacer para que lo atiendan!".

Sólo el ser humano es cruel intencionalmente y con alevosía con sus semejantes. Sólo al ser humano se le ocurren métodos y acciones para hacerle daño a su igual, sin importarle a quien se llevan por delante. Por eso hay personas que maquinan como maltratar a sus semejantes e incluso invocan la Ley para amparar sus malas acciones u omisiones. Todos los días me pregunto que pasará por la cabeza de los operadores de "justicia" en nuestro país cuando escuchan a la esposa e hija de Ivan Simonovis y a sus abogados exigir justicia transformada en una medida humanitaria, a la que tiene derecho según la Ley, así como también tiene derecho a las medidas cautelares de libertad por tiempo de pena cumplida.

Quiero dedicarle este artículo a Iván Simonovis y a su familia, deseando de todo corazón que Iván pueda mejorarse pronto al calor de su hogar. Quiero dedicárselo a cada una de las esposas, madres, padres, hijos e hijas de los presos y perseguidos políticos que sufrieron o están sufriendo el encierro o el exilio de un familiar. Quiero dedicárselo a esa persona que esta en algún lugar, prisionero del hampa, y cuyos días en cautiverio pasan entre el temor de ser asesinado y la lejanía de sus seres queridos. Sólo seremos mejores personas en la medida que nos solidaricemos y ayudemos a quienes nos necesiten, cuando nos necesiten. Ya los venezolanos conocemos el talante de este régimen a quien no se le puede pedir compasión porque carecen de sensibilidad y ética y lo que muestran es odio y discriminación.