14 jul. 2014

En la cárcel de Tocuyito “La muerte llega por fax”

Dhameliz diaz / ddiaz@el-carabobeno.com

Realidad mal dicha. "Hay muchos puntos positivos dentro de los presidios... Le estoy ofreciendo a los privados de libertad que hagan la revolución penitenciaria" [Ministra Bolivariana de Prisiones, Iris Varela/Boletín AVN, publicado página web de la UNES].
Ese jueves al borde del mediodía, para entrar al Internado Judicial de Carabobo en Tocuyito se mantenía una cola, inusualmente más larga. "Debe ser por los traslados", concluyeron algunas mujeres. Madres, amigas, novias, hermanas, madrinas. El hombre, ausente, por lo menos ese día de la semana. Las habituales conocen la rutina. Uno quiere invisibilizarse, mientras se precisa el procedimiento para entrar. El vendedor ambulante de refrescos de 2 litros grita de tanto en tanto: "rapidito", "rapidito". No ofrece la marca sino la posibilidad de entrar directo, 100 bolívares más el refresco, claro. Una hora.
Cédula en mano, sin más nada que con un koala para llevar libreta y bolígrafo, fue más que suficiente para que el guardia ordenara con ese aire de “no te vas a salvar” hacer la otra cola bajo el toldo donde seis guardias nacionales esculcaban según su "vena" bolsas con comida y objetos personales. El chaparrón que se desató obligó a las mujeres a romper el orden, unas para colearse ciertamente, pero bastó y sobró para que el guardia al mando comenzara una andanada de insultos: "después no quieren que las traten como los animales que son".
Trágame tierra. No llevaba bolsa alguno, ni cartera, ni portamonedas, advertida de que pueden robarte en esas revisiones como quien no quiere la cosa. Avancé a la mesa 1, asustada, la libreta… De una vez el uniformado hizo el gesto, siga, no había necesidad. Al entrar no entendí bien qué pasa en ese cuarto oscuro donde unas mujeres de franelas rojas extienden la mano, en la otra tienen billeticos de baja denominación, 2; 5; 10... La joven que estaba adelante preguntaba si me estaban esperando. La mamá de uno de los 4.695 internos se ocupó de explicarme: son las funcionarias de prisiones responsables de la requisa, "se conforman con poco, uno les da lo que pueda". Otra dinámica es cuando hay mujeres de la Guardia Nacional hurgando en el cuerpo de las visitas. Llevadas por sus hormonas, pueden agarrar por "las mechas", empujar, ser muy hostiles, comenta la joven amable a quien voy siguiendo por instinto de conservación.
Desconcertada por el trance, pretendo identificar los espacios que registré en una serie de reportajes publicados en El Carabobeño en 1981. ¿Ha visto hombres armados? No, contesté, sin prever siquiera el recorrido que me aguardaba hacia el Pabellón 6. Aturdida, no entendí la pregunta. Con su amiga, avanzamos hasta las rejas abiertas del Pabellón 6, tiempo suficiente para mirar al primer recluso con un arma en la mano. Mi reacción la advirtió, ¿No se lo dije? Sin poder balbucear ni una palabra, ella indicó "hasta aquí llegamos", su amigo las esperaba. Adelanté el paso apurada, zigzagueando el camino para no tropezar entre tantos hombres. Me detuvo en seco otro interno armado de pistola, que se atravesó sin reparar en mi presencia, caminaba apurado como ubicando algo o a alguien.

Pranes, luceros...

Siga derecho y pregunte. Al atravesar el pasillo, el patio que antes era un terreno destinado para la recreación, explicaron unos. Otros, un barrial destinado para el cultivo. Tres gallos de pelea en sus jaulas muy bien cuidadas ocupan buena parte del pasillo. Por allí nadie pasa. Entre reclusos hacinados jugando apuestas, consumiendo licor, voy adelantando para encontrar a la mamá de Jorge [nombre ficticio por si acaso]. Recorro la cuadra completa sintiéndome escaneada, como si cientos de miradas llevaran contabilizado el ritmo de la respiración agitada y el número de pulsaciones por segundo. No identificaba a nadie y tenía que moverme procurando no rozar a ninguno - ninguna, sin ver demasiado, para evitar problemas. Cuando creía que ya había caminado todo el espacio, un hombre de Dios me señaló una puerta de otro laberinto de hombres. Más pasillos repletos. Los encontré.
Lleva 9 meses allí, pero el castigo inclemente es el retardo procesal. Siete audiencias [la primera 20 días después de detenido] sin que se realizara el reconocimiento que lo libraría de culpa. Traslados que no se efectúan por una razón o por otra. Cuestan seis mil bolívares si urge la jaula de la policía por el desespero de no perder la audiencia. Ahora confía en que lo dejarán en libertad, la fiscalía no ha encontrado ninguna prueba que lo incrimine, al contrario. Tampoco hay acusación en su contra, nada jurídicamente sustentado, "la verdad procesal", como dicen los abogados, lo libera. Entonces el juez, que lo han cambiado dos veces, está dispuesto a sentenciar... 40 mil bolívares. Es cosa fácil, no hay nada en el expediente. Esperaba la boleta de excarcelación el lunes. No hemos tenido noticias.
En el espacio de 1.50 x 1.50 con linderos de mantas, duermen cuatro hombres. Cuando llegó a esa "celda" ya había un ventilador de pared que hizo entrar por partes la mamá de otro condenado a esas condiciones infrahumanas cuya causa es más vieja, sin que su juicio esté encaminado hacia la fase de sentencia. Para ese momento es impertinente preguntar si es culpable o cuál es el delito por el cual ha sido privado de libertad. "Tenemos que pagar obligatoriamente 100 bolívares semanales para la "causa". Mencionó a un tal "Culén", el pran principal. A Jordano, Reinaldo... Tercera del Tres, es la ubicación de los principales.
Al llegar lo primero que se aprenden son las reglas que se imponen para sobrevivir, "Los varones que se refugian en la iglesia son los encargados del aseo". El olor a aguas negras se intensifica. Ha comenzado a llover y el pasillo se inunda. Uno de los internos saca un haragán para impedir que el agua llegue hasta los tobillos. "Aquí también hay los internos que recogen los colchones para la visita". ¿Y cuando llueve de noche? Preocupados me invitan adentro, a esa especie de carpa oscura, maloliente, calurosa, la celda... El agua sigue subiendo, aunque parece que escampará por un rato. Ni me atrevo a preguntar por los baños, de tanto hedor... ¿Quién precisa el número de hombres del Pabellón 6?
Rastros de la Revolución Penitenciaria: Internado Judicial de Carabobo, "Tocuyito", hay unos 6324 internos según cifras del OVP en su informe de 2013. ¿Y saben cuál es su capacidad? 1200 personas. El hacinamiento para finales de ese año alcanzó 427%. Es el tercer penal más hacinado de los 34 que hay en Venezuela. El segundo más violento: 70 internos muertos el año pasado.

La cara oculta

Ya van tres motines desde que comenzó su pesadilla. Tres. El más cruento que recuerda comenzó en “La Placa”, un área donde se refugiaban lo que tienen deudas pendientes por drogas. Tres muertos. El lunes es el día de cobro, cuando se impone una especie de toque de queda dentro del recinto penitenciario. Acuchillados, heridos por disparos. No todos llegan a la enfermería, los más, son auxiliados por otros internos que se aplican a coser heridas. El armamento que sigue circulando es variado: FAL, pistolas 9 milímetros, granadas, peines caracol. Los rebeldes mandan.
2.000 semanal hay que pagar a la causa por un celular que puede prestar a otro recluso, por una tarifa de Bs 2 el minuto. La necesidad vital es rentable, vaya que sí, es la fuente de una economía de subsistencia. Y los vicios exacerbados también: alcohol de marcas reconocidas o no, marihuana en diferentes presentaciones, crack, cocaína y otro tipo de drogas son vendidas en tarantines, imagínese, buhoneros de drogas ilícitas ordenadamente en el pasillo que conduce al Pabellón 1.
La lluvia ha convertido el precario lugar en un barrial putrefacto. Las familias se han resguardado apretujándose en los pasillos techados. Unos muchachos, quizás 18 años recién cumplidos, permanecen en cuclillas matando el tiempo en juegos de envite y azar que no logro identificar. Uno de ellos empina una botella, son las 2:30 de la tarde, observé abismada, no podía creer. Dentro de ese patio, se levantan ranchos de tablas, que pueden resultar mansiones entre tanto trato inhumano.
La mamá de Jorge insiste en acompañarme. Periodista al fin y al cabo tenía que ampliar esta historia dramática que alcanza ahora a los estudiantes y disidentes políticos presos, que han enviado a cárceles como Tocorón (allí está el hijo del general Baduel, Raúl Emilio), a Yare, aunque el defensor de los derechos humanos Alfredo Romero explicó que allí las cosas no son tan así.
Salir del Pabellón 6, obligaba a atravesar el pozo que se había formado frente a la reja principal. La única opción era chapotear el agua hasta saltar y procurar caminar entre los barrotes. Ahí están el comedor, la enfermería. Intentaba identificar las oficinas donde la exfiscal I Nancy López de Godoy revisó causas ese noviembre de 1981 mientras adelantaba un reportaje ¿Pueden los pobres aspirar justicia? Tampoco las oficinas donde los defensores públicos como Aura Rojas ponían al día a los internos sobre su expediente. La cárcel ¿Fábrica de delincuentes? El Carabobeño, julio 1981
El deterioro carcomiéndose la edificación. La discoteca, “Seven”, dicen que se llama. La gallera, la piscina. ¿Por ese pasillo se irá al pabellón donde funcionaba el Ciclo Combinado Penitenciario, otra de las pautas de mi jefe de Redacción Salvador Castillo. El Carabobeño 8-9-1980.
Por el contrario, proliferaban los puestos de venta de drogas, licores, tabaco. Unas cebollitas... son de marihuana, me explican, una de las variadas presentaciones de la hierba. Cuadritos azulados “eso es crack”. Otro puesto de bebidas alcohólicas. Marcas de whisky barato, ron, variedades, deduzco que se ajustan a la demanda y la capacidad de los bolsillos. En las rejas del Pabellón 1 finalizó el recorrido. La lluvia ha convertido en un lodazal resbaladizo el piso resquebrajado.
Desde hace 2 años la ministra Iris Varela cuenta con el decreto 40.031 para la infraestructura carcelaria, “cosa que no ha hecho”, recuerda Carlos Nieto, coordinador de la ONG una Ventana a la Libertad.
También es letra virgen el artículo 272 de la Constitución Bolivariana de Venezuela. “Nada de lo contemplado se ha cumplido. En las colonias agrícolas que ya existían, El Dorado y en la Penitenciaria General de Venezuela con 200 hectáreas agrícolas no se ha sembrado ni un tomate, pretenden destinarla a la Misión Vivienda. De la Asistencia Post penitenciaria etc., etc., etc. han sido sueños de luchadores. Ese artículo fue aprobado por mayoría absoluta en la Asamblea Nacional Constituyente y pasaron como 5 minutos de pie aplaudiendo, entre ellos Iris Varela, que formaba parte de la Comisión de Administración de Justicia que presidía Gómez Grillo”.