21 jul. 2014

Encontraron la cárcel

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Aunque tenía 30 años que no visitaba Caracas en pocos días tuvo que hacerse experto en lidiar con esta complicada ciudad. Tomar el metro, descifrar direcciones, hacer plantón frente a despachos públicos, comer lo que sea y dormir donde lo "coja la noche". Lleva 60 días deambulando "por estas calles" y gracias a "los muchachos" la dura gesta por sobrevivir encuentra algo de alivio en manos amigas. 

Gerardo Carrero es uno de los cientos de padres con un hijo preso por protestar a quienes la vida les cambió de la noche a la mañana.

Es de San Cristóbal y como gocho es un hombre de convicciones. Para él la política era un asunto distante hasta que lo golpeó en la cara con violencia. El 8 de mayo, casi al amanecer le llegó la noticia de que su hijo, también llamado Gerardo, había sido detenido en los campamentos levantados frente al PNUD, aserción inesperada, para pedir la libertad de otros cientos de detenidos en las jornadas de protestas. Ahora su hijo se encuentra en una pequeña celda en el Sebin, junto a otros 10 compañeros.

Para moverse en la encriptada ciudad, violenta, agresiva, tal como la presiente, ha encontrado gente, muy pocas, que lo acompañan en el solitario peregrinaje. Son los compañeros de Gerardo que han estado con él, lo han apoyado. Varios de ellos cayeron presos el mismo día. "No conocía nada de Caracas. Yo les pregunto dónde queda esto, donde aquello, algunos son de Mérida otros de Trujillo y Oriente, son sólo estudiantes con ideales, casi todos, de escasos recursos.". 

Hace unos días, su errar por la ciudad lo llevó a la Iglesia La Chinquinquirá en donde se encontraban unos estudiantes en huelga de hambre. Conversó con ellos y se sentó a escuchar una misa.

Dice que fue como una corazonada, como que alguien le indicaba que se sentara allí y orara. "Yo empiezo a pedirle a Dios", expresa Gerardo, quien lleva el mismo nombre que le puso a su hijo hace 26 años. "Yo no se que me dio, de pensar, de no creer que el señor Presidente Maduro sea tan malo como muchos piensan. Y pensé que debía hablar con él personalmente, que yo podía lograrlo. Quiero exponerle el caso de este muchacho y de los demás muchachos. Porque sé quién es mi hijo, porque lo conozco". 

Al salir de la misa se dirigió a uno de los estudiantes que acompañaban a los huelguistas: 

-¿Oye puedes hacerme un favor de escribirme una carta?

-Claro señor Gerardo como no, se la puedo hacer ¿para quién es la carta?

-Para el Presidente Maduro.

-¡Para Maduro y cómo! él no lo va a atender.

--Sí, hágame la carta. No importa si no me atiende. Yo quiero hablar con él y decirle algo muy personal, quiero presentarme, explicarle la situación. Yo sé que detrás de ese señor tiene que haber un padre, un hermano, un hijo, un corazón y un sentimiento. Yo pienso así de esa manera porque todos los seres humanos tenemos eso. 

Con la carta en la mano, Guerrero tomó un moto taxi y se fue hasta Miraflores. No sabía dónde se entregaban las correspondencias, preguntó y la entregó en una taquilla a la entrada. Aún tiene esperanzas de que le llegue la respuesta. 

Reflexiona sobre lo que le ha ocurrido y asegura que tiene que haber comprensión, sostiene que con violencia no se saca nada. "Aquí ni el Gobierno, ni los estudiantes ni la oposición pueden manejar esto con violencia porque eso lo que genera es más violencia". Piensa que es necesario andar por otro camino, el de la vida, el del amor. 

Dice que en la carta le plantea al presidente Maduro, de manera muy sentida, que quiere tener una conversación con él, pide que recapacite con esos muchachos, que "esos muchachos son inocentes, que no tienen nada que ver con esas cosas de drogas que se les ha puesto allí. Eso fue sembrado, que si fueran narcotraficantes no hubiesen estado allí en un campamento. El que trafica no va a estar allí". 

Un país mejor

El padre de Gerardo Carrero no sabe por qué a su hijo le dio por salir a luchar por Venezuela. Estudiaba criminalística en la Universidad Católica del Táchira y trabajaba en el negocio familiar que se ocupa de venta de ropa a clientes en tiendas en Táchira, Barinas y Mérida.

Sospecha de una indignación que sufrió hace unos 10 años cuando su madre y sus hermanos, entre ellos una de 6 años con síndrome de down, fueron desalojados de su apartamento que habían comprado legalmente, tras una injusta decisión de un tribunal. Piensa que allí su hijo se hizo muy sensible a las injusticias.

Al ingresar a la universidad, su hijo Gerardo se ligó a los movimientos estudiantiles y creó un movimiento llamado 7-11. En una ocasión recibió un disparo en el brazo cuando participaba en una manifestación frente a la gobernación de Táchira.

Ni el disparo recibido ni el hecho de ser padre de dos niños pequeños lo hizo desistir de sus luchas y por eso se fue a Caracas a organizar los campamentos como forma de protesta pacífica.

Hace poco su hijo le dijo: "papá aquí están las llaves del carro y la lista de clientes de la empresa, yo tengo que ir a luchar por mi país porque quiero un país bonito para mis hijos, para tus nietos y si tengo que sacrificar todo por Venezuela así lo haré. Quiero una Venezuela de oportunidades y voy a hacer que eso suceda". 

De nada sirvieron las advertencias que suelen hacer los padres. "Hijo que necesidad tienes de irte y dejar todo lo que tienes".

Al poco tiempo se enteró que era uno de los organizadores de los campamentos. Hablaban por teléfono y sólo alcanzaba a decirle "hijo cuídese" a lo que le respondía "tranquilo papá, esto es lo más pacífico del mundo, no le estamos haciendo daño a nadie, sólo queremos que nos oigan, que sepan lo que está pasando, que nos escuchen a nivel internacional también". 

Estando en el campamento Gerardo se enteró que habían matado a un gran amigo en San Cristóbal y lo llamó llorando: "papá mataron al Gordo Tinoco", un líder estudiantil de la misma universidad y vocero de las luchas que se daban esos días en Táchira. Le dieron un disparo en el pecho. Los testimonios indicaron que el disparo provino de los colectivos oficialistas que en esos días acosaron a los manifestantes. "Son los tiempos que vivimos" reflexiona.

En el Sebin

Todos los padres cuentan los días para ver a sus hijos presos. La visita es una cita que no se falla. Algunos, con gran sacrificio, vienen del interior del país para estar al lado de sus hijos.

"Mi vida ha cambiado de una manera impresionante" reflexiona Gerardo. Yo dejé todo por mi hijo. Gracias a Dios que tengo esa familia allá en San Cristóbal que me ha apoyado, y hasta mi hijo menor que tiene 15 años se está ocupando del negocio con su mamá. Yo los preparé para enfrentarse al mundo y me doy cuenta que Francisco, el menor de 15 años, ya está preparado. Él es el que mas me preocupaba, pero ha crecido en este transe aunque todavía está en bachillerato. Para mi esa es una fortaleza".

Gerardo Resplandor

Es el nombre de otro detenido el 8 de mayo en el campamento del PNUD. De nada le ha valido el haber nacido en El Furrial, la misma tierra del poderoso presidente de la Asamblea Nacional y el más influyente jefe del PSUV.

Su mamá Damelis Josefina Veracierta no deja de soltar lágrimas por quién es el centro de su vida, un joven estudioso que estaba realizando la tesis de grado en Ingeniería Industrial, en la Universidad Gran Mariscal de Ayacucho de Puerto La Cruz, cuando un día tomó la decisión de venirse a Caracas junto a otros estudiantes para incorporarse al los campamentos del PNUD y apoyar la demanda de libertad de cientos de compañeros detenidos en las protestas.

"Ellos tenían esa causa, querían que los escucharan. No importa que el señor Presidente esté allí, pero al menos que hable con ellos, porque ellos quieren es hablar con él, porque son muchachos que se preocupan por el país", expresa Damelis Josefina.

Especialmente las madres y padres de los detenidos en el campamento esperan que ocurra un "milagro" este próximo martes 22 de julio cuando se realizará la audiencia preliminar de los 8 jóvenes del campamento con 60 días detenidos en el Sebin.

Les inquieta las recientes palabras de Maduro: "Buscaron la salida y encontraron la entrada a la cárcel". Aspiran a que el juez 48 de Control, Nelson Moncada, y la Fiscalía puedan darles al menos un trato similar al que le dieron a 7 de los 8 acusados de los asesinatos de Bassil Da Costa y Juancho Montoya, en la manifestación del 12 de febrero, quienes recibieron una cautelar para ser juzgados en libertad a pesar de que se trata de homicidio y de uso de arma de fuego en una manifestación.

"El 8 de mayo cuando se los llevaron yo estaba en Maturín haciendo las gestiones para operarme. Mi esposo me llamó pero no me decía nada. Cuando llegué a mi casa me encontré la noticia que mi hijo estaba detenido. Ese día dejé todo y me vine a Caracas. Y cuando llegué aquí desesperada fui al Core 5 pero no me lo dejaron ver. No sabía si mi hijo había comido, si estaba bien, no se sabía nada. Hablé con los abogados del Foro Penal pero ni a los abogados les permitían verlos. Luego lo pasaron al Sebin y nos costó para poder ver a mi hijo, porque ellos no saben lo que es el dolor de madre, lo que yo sentía, y lo que sentían todas las madres, porque no podían ver a sus hijos o saber al menos cómo estaban. Desde ese día no he descansado y tengo tanta mortificación y tanto miedo que a mi hijo me lo vayan a dejar allí. Ya tiene más de dos meses allí. Yo he descuidado mi casa, hemos descuidado el negocio, a mi esposo, a mis otros hijos. Me he dedicado profundamente a él y se lo he dicho a mi esposo. Yo no me voy de aquí hasta que no vea a mi hijo libre. Y le pido disculpas a él por abandonarlo, pero en este momento mi hijo es primero porque yo sé que mi hijo no es ningún delincuente".

twitter: folivares10