8 jul. 2014

Tamara Suju Roa: El show debe continuar

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Así fue anunciado por el aparato represor judicial que se ha encargado de darle la estructura legal que el régimen ha necesitado durante más de una década para perseguir, inhabilitar e intimidar a quienes encabezan de una u otra forma a la sociedad civil democrática,  en cualquiera de los terrenos en los cuales le ha tocado enfrentar a este “socialismo del siglo XXI”  que le vendieron al pueblo venezolano como una revolución socialista, y que terminó siendo un arroz con mango entre el castrocomunismo y el totalitarismo, conducido por el ya fallecido Hugo Chávez y continuado por Maduro.

Para dominar e imponerse han usado al sistema judicial como les ha dado la gana. Recordemos a Isaías Rodríguez,  quien  fuera Fiscal General durante el periodo  2001 al 2007y el papelón que jugó en casos emblemáticos como el ya casi olvidado asesinato del Fiscal Anderson, donde escogió a un testigo  estrella por solo “haber leído la sinceridad en sus ojos” según sus propias palabras y con ello mandó  a la cárcel o al exilio a venezolanos inocentes, ya que nunca se les pudo comprobar que habían cometido los delitos que se les imputaban y además fue descubierto el engaño del Fiscal con su “testigo estrella”.  A pesar de esto, los privados de libertad por este caso siguen presos y los perseguidos siguen perseguidos.
Otro ejemplo claro del mensaje ejemplarizante que desde el poder se les ha enviado a los integrantes del sistema judicial que de alguna forma se han negado a someterse a los lineamientos u órdenes emanadas desde el ejecutivo, fue el encarcelamiento de la Juez María Lourdes Afiuni en el año 2009, luego de decidir que el banquero Eligio  Cedeño fuera juzgado en libertad, después de haber pasado tres años preso sin sentencia condenatoria.  Durante los tres años que estuvo privada de libertad, María Lourdes Afiuni no sólo sufrió maltratos psicológicos sino también  daños físicos con consecuencias irreparables.
Hoy, el sistema judicial venezolano está practicante a los pies de quienes detentan el poder y son pocos los fiscales, jueces y defensores públicos los que se atreven a tomar una tímida decisión que no se muestre descaradamente ilícita o discriminatoria hacia una determinada población que se opone firmemente al gobierno venezolano. Quien no sigue lineamientos, es destituido o cambiado. De hecho, lo común son los jueces provisorios de libre remoción que ha fomentado la falta de objetividad en la decisión de controversias concretas sin temor a represalias. A lo largo de estos últimos seis meses de protestas sociales nos hemos dado cuenta que todavía queda gente decente dentro del poder judicial, intimidados y vigilados, pero con sus valores claros y su desacuerdo sobre las injusticias que se están cometiendo.
Por esto, a pesar de que  el ciudadano común ya se toma a chiste los anuncios que año tras año lanza el gobierno nacional a través de los funcionarios públicos integrantes de todos los poderes del Estado sobre presuntos planes de magnicidio,  54 denunciados durante los períodos presidenciales de Chávez y 13 en el poco tiempo que tiene Nicolás en el poder,  no hay que tomárselo en broma. Éstas denuncias sobre supuestos planes de magnicidio han sido y están siendo usados para perseguir, encarcelar, amedrentar e inhabilitar de sus cargos a opositores venezolanos. Incluso se quiere ilegalizar a un partido político y criminalizar a movimientos estudiantiles y juveniles, organizaciones de la sociedad civil y de derechos humanos, bajo éste esquema inventado, porque al tener el control judicial, cualquier ciudadano es presa fácil de ser sembrado de pruebas que no son tales, falsas e inventadas para criminalizarlo, imputarlo e inhabilitarlo como ciudadano pensante, pagando cárcel, privado de sus derechos constitucionales de protección y libertad, e incluso condenado al ingrato  exilio.
Es por esto que para el régimen, el show debe continuar. Porque la única manera de controlar el descontento social por tanta corrupción, ineptitud e incapacidad para gobernar y atender los problemas del día a día de los ciudadanos, es manteniendo aterrorizado e inmóvil a quien se atreva a decirles la verdad y denunciarlos. Al régimen no le interesa que el pueblo que lo eligió, le eche la culpa del desastre político-social y económico que estamos viviendo, y por eso sigue mintiendo y acusando a la oposición de todos los males y pretendiendo distraer la atención pública en prácticamente un show diario sobre cuentos de magnicidio y planes desestabilizadores, donde le dan circo a la gente -porque pan no hay – y a su vez, se quitan de encima -utilizando el sistema judicial- a quienes se oponen a que Venezuela se vaya por el despeñadero de la inmoralidad, la desfachatez, la corrupción, la desidia y la continua instigación al odio entre hermanos que tanto daño nos ha hecho.  La gente decente espera Justicia.  Y la Justicia llega. Siempre llega