19 feb. 2015

Tal Cual: La cara del 2015

Aumentan las víctimas de encarcelamientos, acoso y persecuciones ilegales; la mentira y la falsedad son los fundamentos para la acción judicial. El gobierno incrementa la virulencia de los ataques a las personas y a la propiedad privada. A pesar de ello, la fuerza de la protesta crece, persevera y se mantiene

Pedro Luis Echeverria


Se inicia el 2015 y los problemas del país crecen y se multiplican. Igualmente, la represión gubernamental se incrementa, se perfecciona y se profundizan la crueldad oficial y los métodos y mecanismos para ejercerla.

Aumentan las víctimas de encarcelamientos, acoso y persecuciones ilegales; la mentira y la falsedad son los fundamentos para la acción judicial. El gobierno incrementa la virulencia de los ataques a las personas y a la propiedad privada. A pesar de ello, la fuerza de la protesta crece, persevera, se mantiene, se reinventa y se extiende paulatinamente a diversas ciudades y sectores sociales.

Es una suerte de espiral en donde se confrontan la violencia oficial y la resistencia heroica, una y otra vez.  El gobierno asume el rol de feroz contendiente en lugar de abrir los caminos para el entendimiento y la concordia, los cierra con un discurso falaz, altanero y desconsiderado en el cual campean intentos de dominación a la sociedad en su conjunto.

No está dispuesto a escuchar a los factores de la oposición para tratar de actuar, con eficacia política, sobre la forma de abordar el diseño y aplicación de una estrategia orientada a administrar y resolver paulatinamente la terrible situación que vive el país en todos los órdenes. No es posible iniciar un proceso de corrección sustentable de los desajustes económicos y sociales, cuando autoritariamente se excluye la visión de una importante porción de la población.

Esta fase de horror judicial, hecatombe financiera y de abusos de los derechos humanos como la que estamos viviendo, exige que la oposición, ante el próximo evento electoral, reconstituya sus liderazgos, remoce el contenido de su propuesta al país y, lo más importante, que sus dirigentes atiendan, como prioridad impostergable para la definición de la estrategia y acción política a seguir unitariamente, el clamor popular en lugar de privilegiar los intereses grupales, asegurando de este modo la convivencia política entre los sectores disidentes.

Se requiere la constitución de un sólido frente de lucha que sea un eficaz instrumento de acción política para la recuperación del país. Pero, sin dudas, ese camino está repleto de escollos.

Promover un diálogo fructífero al interior de la oposición, supone: contar con líderes y organizaciones políticas respetadas y creíbles por el hombre de a pie. Se requiere la aplicación de una visión de amplio enfoque para convenir colectivamente las acciones a seguir en este irreversible proceso de cambio en el que estamos envueltos. Se debe privilegiar la actitud reflexiva sobre lo emocional. Sin ello, la unidad es apenas el interregno de una inacabada espiral de conflictos internos.

Vivimos una nueva era, el chavismo emite los últimos estertores de su agonía, pero el régimen continúa anclado en viejas doctrinas que le impiden ver cómo es y funciona la dinámica de la realidad que lo circunda. Por tanto, la revolución que necesitamos para salir del atolladero en el que nos ha metido la incapacidad gubernamental, es la de nuestro pensamiento.

Sólo una transición opositora hacia un nuevo paradigma de modelo democrático, capaz de administrar y resolver los conflictos de manera creativa y unitaria, podrá dar respuesta a los anhelos de dirección y orientación política contundentes, como demanda la mayoría del país, para reconquistar todo aquello que nos ha sido arrebatado por un régimen desquiciado, ineficiente y corrupto.