12 abr. 2015

Carrero: recién salido de la tumba


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¿Por qué se vino Gerardo a Caracas? Un día tomó la decisión, le entregó las llaves del carro a su padre, le dio lo que tenía del negocio de ropa que ambos llevaban allá en San Cristóbal y se despidió de su esposa y sus dos hijos. "Nos dijo que se iba para seguir luchando por Venezuela", cuenta ella. Eso fue a mediados de 2013. Está preso desde la madrugada del 8 de mayo de 2014. 

Mariana Serrano sabía que no podría hacerle desistir de la idea. Después de todo, a Gerardo Carrero lo conoció en el activismo allá en la Universidad Católica del Táchira cuando ambos estudiaban Ciencias Penales y Criminalísticas y con su grupo, el Movimiento 7-11, se alzaron con la victoria en la elección de Consejeros de Facultad: "También fue candidato al legislativo como independiente y participó en la Operación Libertad, en Un Mundo Sin Mordaza y hasta hizo huelgas de hambre para pedir por la liberación de los presos políticos". Carrero, queda claro, era un personaje conocido en su ciudad: tanto que a Caracas no llegó solo. "Otros diez jóvenes del Movimiento 7-11 se fueron con él". 

Entonces Gerardo tuvo otra idea: "Me llamó y me dijo que se le había ocurrido montar el campamento. Para él era una nueva forma de protesta pacífica, diferente a lo que estaba ocurriendo en el país en ese momento y era una manera de presionar para que liberaran a los presos políticos, a los estudiantes detenidos". Serrano se refiere al grupo de carpas que se apostaron desde la última semana de marzo del año pasado frente a la sede del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, en la avenida Francisco de Miranda. 

"Él nunca participó en guarimbas ni en enfrentamientos con la Guardia Nacional, esta era una vía pacífica de manifestar", insiste su esposa: "Y Gerardo era el líder de ese campamento que fue el más grande de los que se montaron en Caracas". 

En efecto, en algún momento se calculó que había más de 300 jóvenes en el lugar. El 11 de abril decidieron ir un poco más allá en la protesta y un grupo de los manifestantes comenzó una huelga de hambre. 

La táctica se repitió en otros lugares: "A pesar de ser un campamento pacífico, que no tuvo ningún inconveniente con la Guardia Nacional, creo que lo que motivó al gobierno a actuar contra ellos fue la activación de una huelga de hambre de 15 jóvenes frente al Palacio de Justicia el día 7 de mayo". 

En la madrugada del 8 de mayo la Guardia Nacional desplegó un operativo sorpresa para desmontar los campamentos. Se estima que participaron alrededor de 1.500 uniformados. Todos los presentes quedaron detenidos, pero 213 fueron presentados ante los tribunales penales y entre ellos estaba -por supuesto- Gerardo Carrero. 120 jóvenes que acampaban ante el edificio donde están las oficinas del Pnud recibieron privativa de libertad -algunos-y medidas cautelares -otros- aunque las causas de 112 terminaron sobreseídas posteriormente, el 15 de agosto. 

El mismo 10 de mayo el tribunal 48 de Control de Caracas dictó privativa de libertad contra ocho de los detenidos: Gerardo Resplandor, Nixon Leal, Carlos Pérez, Angel Contreras, Dioris Albarrán (hoy libre), Abril Tovar (libre), Anderson Briceño (libre) y Gerardo Carrero. 

¿Y esto?

La primera audiencia del juicio a Carrero fue el 19 de noviembre. La Fiscalía le imputa tres delitos: instigación pública, obstrucción de la vía pública y tráfico de drogas en menor cuantía. Esto último es lo que le impide recibir el beneficio de juicio en libertad: la pena va de 8 a 12 años. La Guardia Nacional asegura que una bolsa de 36,6 gramos de cocaína supuestamente encontrada en el lugar era de Carrero. 

"El compartía su carpa con tres personas", precisa la abogada María Fernanda Torres, del Foro Penal Venezolano: "Dos de ellos quedaron privados de libertad, uno no. Los guardias dicen que encontraron la droga en su carpa, pero en el expediente no hay ninguna experticia que identifique siquiera cuál era su carpa".

De acuerdo a la defensora la droga ni estaba entre sus pertenencias ni se la encontraron en los bolsillos: "No hay testigos, no hay experticias, solo presentan el dicho de un funcionario. Ni siquiera se tomaron la molestia de presentar algo que demostrara que le pertenecía, ni buscaron huellas dactilares, nada". 

Torres explica que la acusación se sustenta en: "Testimonios de funcionarios, una experticia que señala que lo que hay en la bolsa es cocaína, otra que indica que había sustancias inflamables, otra que asegura que un arma que dicen que encontraron en efecto es un arma y los dichos de los funcionarios. Pero no hay nada que demuestre, nada que pruebe algo de eso". 

Si Carrero compartía carpa con cuatro personas y la droga supuestamente estaba allí, ¿los otros tres jóvenes fueron acusados también? No. Y aquí es donde el caso muestra un perfil singular. La "detentación de sustancias incendiarias" se la cargaron a Gerardo Resplandor. Y el "porte ilícito de arma de fuego" a Angel Contreras. La abogada asoma la duda razonable sobre una presunta siembra: "Los guardias llegaron en la madrugada, revolvieron todo, tumbaron las carpas y de pronto resulta que la droga es de Carrero, unas botellas con gasolina eran exclusivamente de Resplandor y una pistola de Contreras. Pero no demuestran cómo es que llegan a esas conclusiones". 

Y cuenta más: "A la audiencia del 22 de enero fue el primer testigo promovido por el Ministerio Público: un agente del Sebin experto en explosivos que identifica que la sustancia es gasolina que hay unos cohetones. Le preguntamos: '¿puede determinar que le pertenecían a alguno de ellos?'. Dijo que no y ahí se acabó la audiencia". 

Torturado

A Carrero lo recluyeron en la sede el Sebin en el Helicoide el 10 de mayo. El 21 de agosto inició una huelga de hambre y ahí se agudizaron sus problemas: "Ese día hizo circular una carta pública dirigida al Presidente Maduro,informando sobre la decisión de hacer la huelga. Por lo que él me contó, el mismo día llegó el director del lugar, lo sacaron de la celda y le aplicaron un castigo. Eso lo denunciamos formalmente el 26 de agosto". 

La directora de Derechos Fundamentales del Ministerio Público, María Mercedes Berthe, recibió el documento de denuncia en el que se detalla la situación: "... el Comisario Carlos Calderón, quien forma parte del Cuerpo de Investigaciones Estratégicas del SEBIN, lo sacó de la celda para trasladarlo a una celda de castigo, donde el precitado funcionario procedió a colocarle en las muñecas periódico para luego esposarlo a un tubo y que no se evidenciara el maltrato, y con ello suspender o guindarlo separando los pies del piso durante 12 horas -como una piñata-, arremetiendo con palos y tablas de madera, con las cuales lo golpeaban en la parte posterior de la rodilla hasta que se partieran en su cuerpo, dejándole hematomas en piernas y brazos, además de presentar también fuertes dolores abdominales, teniendo que orinarse encima durante la tortura por no permitirle ni ir al baño durante el tiempo que estuvo sometido a estos maltratos, amén de todas la amenazas contra él, familiares y compañeros privados de su libertad". 

La denuncia motivó una audiencia especial en la que Carrero relató lo sucedido ante el juez y la Fiscalía en el Tribunal 48 de Control. La denuncia del caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos relata que "...todos los presentes pudieron constatar visualmente las marcas de hematomas que tenía en las piernas como consecuencia de los maltratos sufridos". 

Allí se decidió el traslado: al Sebin de Plaza Venezuela. Pero eso no representó una mejora: seguía bajo custodia del mismo organismo policial al que había denunciado por torturas. 

Al foso

El mismo 26 de agosto lo llevaron a la otra sede del Sebin. Y allí pasó por "la tumba". 

En la solicitud de medidas cautelares que se hizo ante la Comisión de Derechos Humanos -otorgadas el 2 de marzo de 2015- se explican detalles de su reclusión: "en una celda ubicada en el sótano, conocido como 'la tumba', del edificio que funciona como sede principal del SEBIN (Plaza Venezuela, Caracas). Dicha celda consta de una cama, cuatro paredes blancas y ninguna ventana. Gerardo Carrero se encuentra en ella las 24 horas del día, solo sale para ir al baño, y no le permiten ninguna actividad de esparcimiento, ni siquiera se le permite salir de ella para recibir los rayos del sol. Tampoco se le permite realizar llamadas, tiene visitas familiares dos días a la semana, y sus abogados no han podido hablar con él". 

Antes, el 23 de enero, María José Carrero, presentó al Ministerio Público una denuncia por torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes en relación a las condiciones en las que se encontraba su hermano Gerardo Carrero: "Se mantiene al día de hoy en una celda ubicada en un sótano, conocido como "LA TUMBA", lo cual no es un sitio para su detención ni siquiera de manera provisional, lo cual ha ido evidentemente en detrimento de su salud física y mental, y no entiendo como las autoridades permiten que mi hermano esté en un sitio tan terrible e infrahumano como ese". 

Y añade: "No se le ha permitido el ingreso a sus abogados ni en una sola oportunidad desde hace 5 meses que está recluido ahí, solo los ve cuando lo trasladan a Tribunales. Ha perdido la noción del tiempo porque no le permiten usar reloj. Me comenta que tiene alucinaciones. Las bajas temperaturas a las que está sometido durante todo el día le han generado notables escoriaciones en la piel por resequedad e irritaciones, no respira aire puro sino el reciclado del aire acondicionado. Se le nubla la vista en ocasiones, ha tenido una pérdida de peso significativa a simple vista". 

En esas condiciones, Carrero inició una huelga de hambre que mantuvo durante 18 días hasta que tras la visita de la Defensoría del Pueblo se acordó sacarlo de la tumba. Su caso ya era conocido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos debido a la solicitud de medidas cautelares y por la ONU por el relato presentado -en noviembre- ante el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias. 

Finalmente, el 21 de febrero, Carrero salió de Plaza Venezuela pero otra vez bajo custodia de sus denunciados: al Helicoide. 

El 3 de marzo la CIDH emite la resolución en la que decreta medidas de protección a favor de Carrero. En esencia, pedía que las condiciones de su reclusión mejoraran. Y aunque había regresado al lugar donde antes le habían colgado de un tubo, el Helicoide termina siendo mejor que la tumba. 

"Ahora tiene un régimen de visitas que se cumple", explica su esposa Mariana Serrano: "Nosotros nos turnamos para viajar desde San Cristóbal. Y más o menos con día de por medio, puede llamar y hablar con los niños. Las cosas son un poco más llevaderas y comparte celda con uno de sus compañeros. Lleva mes y medio ahí y hasta ahora no lo han agredido". 

De cualquier forma, no es que estar allí sea una fiesta: "Aunque las condiciones sean diferentes, él dice que ni que forren las paredes con diamantes se va a acostumbrar a estar encerrado", cuenta Serrano por teléfono mientras al fondo se escucha a los pequeños Gerardo (6 años) y Santiago (3 años) revolviendo la casa. 

El 17 de marzo la Defensoría del Pueblo se reunió con Carrero y su abogada para dejar constancia de cómo ha sido esta nueva etapa en el Helicoide y -en esencia- lo que solicitó la CIDH se está cumpliendo. 

"A pesar de que su situación haya mejorado relativamente, los delitos de torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes en su contra igual ocurrieron", advierte la abogada colaboradora del Foro Penal, Katiuska González: "Y la detención arbitraria acarrea la extinción del procedimiento si lo llega a determinar la Comisión de la ONU. En este momento seguimos documentando todos los delitos e irregularidades cometidos en el caso de Carrero para llevarlos a las instancias necesarias". 

Mientras, en Caracas, el juicio avanza con cierto grado de lentitud. El 19 de noviembre de 2014 arrancó el proceso ante el Tribunal 12 de juicio. El 4 de diciembre fue la segunda audiencia. La siguiente, el 15, se suspendió. El 12 de enero tampoco hubo despacho. El jueves 22 de enero sí hubo y desde entonces el proceso entró en congelador porque el tribunal no despacha. La nueva fecha prevista es este 15 de abril. 

La abogada defensora resume los avances del juicio: "No se ha hecho nada". Salvo, claro, llevar al experto que dijo que la gasolina era gasolina y los cohetones, cohetones. ¿Qué sigue? "Faltan los otros expertos que digan que la cocaína es cocaína, que la pistola es un arma y que el lugar de los hechos fue el campamento. Pero, como ya aclaré, no han presentado ni promovido nada que indique que esas cosas eran de ellos y, específicamente, que la droga era de Carrero". 

"Gerardo no tiene nada que ver con drogas", advierte su esposa: "A todos los detenidos les practicaron antidoping y él salió negativo. Ahí lo que querían era anular a los líderes del campamento y sembraron esas cosas y a Gerardo le tocó que le asignaran la droga. Él fue allá a pedir por la libertad de los presos políticos y terminó convirtiéndose en uno de ellos".