6 jun. 2017

Yon Goicoechea, testigo a juro de torturas en el Sebin







Yon


@victoramaya
Climax.- Saberse dueño de algo que no se puede disfrutar. Imaginarse fuera de una celda en la que se permanece por los oídos sordos de esbirros y otros militares. Sentirse secuestrado porque el Poder Judicial no tiene la fuerza ni la autonomía para imponerse a la policía política de Nicolás Maduro. Estar preso porque alguna voluntad así lo quiere.  Lo ordena. “Tienes razón, pero igual sigues preso”, dice el comentario popular. Es el caso de Yon Goicoechea, quien, como sumar ovejas en el aire, va contando uno a uno los 150 días que pasa tras las rejas —pese a que una corte dictaminó su libertad. Sus familiares y defensores han exigido a los funcionarios hacerle caso a la orden del Tribunal Vigésimo Primero de Control de Caracas, pero en El Helicoide nadie manda más que el propio Servicio Bolivariano de Inteligencia, Sebin.



Era 29 de agosto de 2016 cuando, en plena campaña para lograr la activación de un referéndum revocatorio presidencial, el abogado que antes de tener su título lideró las protestas estudiantiles una década antes —haciéndose del prestigioso premio Milton Friedman para el Avance de la Libertad otorgado por el Instituto Cato de Estados Unidos— fue detenido en Caracas y acusado de portar detonantes para explosivos. Según el gobierno, el material bélico sería usado en una marcha que realizó la oposición tres días después. Quien anunció su captura no fue un fiscal ni el Ministro de Interior, sino el diputado Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). “En su poder encontraron cordones detonantes para explosivos (…) Preferimos un millón de veces encarcelar con tiempo a un asesino que una gota de sangre de un venezolano vaya a correr en las calles”, aseguró el número dos del chavismo durante un acto público en el estado Barinas.
Dos días tardó el Ministerio de Interior en dar un parte oficial de lo que hasta el momento fue calificado como un “secuestro”, como lo nombraron el alcalde de El Hatillo, David Smolansky, y la organización internacional Human Rights Foundation. Néstor Reverol informó el 31 de agosto de 2016 que a Goicoechea “se le incautaron dos cilindros de 5 cm de material explosivo, explosivo del cordón detonante, 1.325 gramos de material explosivo y material subversivo”, al tiempo que vinculó al partido Voluntad Popular con supuestos hechos de desestabilización. El ucabista se había inscrito en el partido de Leopoldo López tan solo 25 días antes, luego de militar en Primero Justicia antes de irse a estudiar en la Universidad de Columbia, en Nueva York, en 2013.
Incomunicado por 56 horas, fue presentado a tribunales. Ante los cuales su defensor, Nizar El Fakih introdujo un recurso de amparo constitucional de Habeas Corpus, luego de haber reclamado ante el Ministerio Público y a la Defensoría del Pueblo el desconocimiento del paradero de su representado, que había retornado al país en julio de ese año, semanas previas a su encarcelamiento. El 2 de septiembre, Goicoechea fue imputado. Durante la audiencia, expuso que nunca había abrazado una idea distinta a la lucha sin violencia.
A finales de diciembre de 2016, el tribunal 21 de control de Caracas ordenó la excarcelación de Yon Goicoechea. La medida, no obstante, no ha servido de mucho pues tanto el político como otros 17 reclusos permanecen tras los barrotes porque el Sebin —siempre díscolo a la letra de ley, pero sumiso al verbo de PSUV— no acata los llamados del Poder Judicial —así denunció Amnistía Internacional. El diputado y coordinador nacional encargado de VP, Freddy Guevara, acusó al vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, al director del Sebin, Gustavo González López, y al director del Sebin de El Helicoide, comisario Calderón, de la dilación arbitraria en el caso de su compañero de tolda.
Desde su celda, Yon Goicoechea responde un cuestionario exclusivo para Clímax. En él, denuncia sus condiciones de reclusión, las injusticias de su caso y revela cómo se vive dentro del Sebin. Siempre vilo, en tiempos de continuas protestas y ruptura del hilo constitucional. Las respuestas fueron enviadas por escrito, sorteando no pocas dificultades.
¿En qué estatus está su caso, luego de la orden de excarcelación?
—En diciembre 2016 entregamos todos los requisitos para materializar la medida judicial de libertad, los cuales han sido validados y aprobados. Desde la fecha, el tribunal ha permanecido cerrado por lo que no hay ninguna posibilidad de ejercer ninguna acción. También en diciembre introdujimos un Habeas Corpusen la Sala 2 de la Corte de Apelaciones de Caracas. Pese a tratarse de un amparo, los magistrados de esa instancia me han denegado justicia al no pronunciarse. Lo fundamental es que tengo nueve meses detenido sin una acusación fiscal y con una medida de libertad. Mi proceso no tiene un próximo paso, porque no se me acusa de nada. No habrá audiencias, juicio, ni nada más. Legalmente estoy en libertad de acuerdo al artículo 200 del Código Orgánico Procesal Penal.
¿Qué ha cambiado en su prisión desde que existe la orden de excarcelación de diciembre?
—Nada, más allá de un cambio de celda. Al Gobierno no le importa en lo más mínimo. Estoy secuestrado y ya.
¿Cómo es la celda donde permanece encarcelado?
—Tiene unos 10 o 12 metros. Es totalmente blanca y sin ventanas. Las cañerías del baño emiten olores fétidos. Tiene una puerta metálica y una reja de entrada. Al abrirlas puedo ver solo un pasillo y más rejas. En teoría se dan dos horas de sol a la semana, pero desde que iniciaron las protestas eso se ha reducido mucho. En el último mes habré podido ver la luz solar unas 4 horas.
¿Le permiten salir?
—Solo podemos salir de la celda durante las horas de visita, cuando nos sacan al sol o cuando nos permiten hacer ejercicio —lo cual es fortuito e irregular. El resto del tiempo permanecemos encerrados bajo llave. En ese sentido, El Helicoide es la más cruel de las cárceles venezolanas porque estamos prácticamente condenados a estar en la cama todo el día, ya que la celda es muy pequeña para cuatro personas.
Ya Freddy Guevara había informado que era una celda compartida. ¿Con quién la comparte? ¿Cómo se relaciona con esos compañeros?
—Es compartida. Somos cuatro personas. Por respeto a la privacidad de terceros, prefiero no señalar la identidad de mis compañeros, quienes podrían sufrir represalias por esta entrevista. Pasamos las 24 horas del día juntos, por lo que hablamos de todo lo que un ser humano puede hablar. Siempre bajo la sospecha de que haya micrófonos o cámaras ocultas.
¿Ha sido torturado? ¿Cómo, cuántas veces?
—Las primeras semanas de detención estuve encerrado en una celda de 2 por 1,50 metros, sin ventilación de ningún tipo ni luz natural. Se me aisló totalmente sellando la reja de entrada con una bolsa negra de basura. Se me incomunicó y se me negó contacto con familiares o abogados. En esa celda de castigo había ropa con restos fecales, comida con gusanos y decenas de cucarachas. Todo esto constituye tratos crueles y degradantes de acuerdo a tratados internacionales suscritos por Venezuela. No he sido golpeado. De hecho, el Sebin nunca me ha entrevistado sobre mi caso, sencillamente me sembraron y ni siquiera a efectos de cubrir las formas me hicieron un interrogatorio. Al momento de la detención fui amarrado y se me cubrió la cabeza con un saco negro.
El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, habló de “castigos regulares” en su caso y también del paso por una celda de castigo. ¿Lo confirma?
—En efecto, el presidente dice lo correcto. Pasé por una de castigo, reservada para criminales muy peligrosos. Luego se me ha castigado con aislamiento, restricción de visitas familiares y de abogados y finalmente llevándome a una celda sin ventanas y mucho peor a la anterior, a raíz de las protestas.
¿Quién ejecuta tales tratos?
—Por mi seguridad no puedo responder esta pregunta. Pero en caso de que algo me sucediese, tengo toda la información guardada fuera del país.
¿Ha dicho que ha podido ser testigo de torturas a terceros? ¿Cómo han sido esas torturas? ¿Qué y a quién castigan?
—Sí. Ha sido lo más terrible que me ha tocado vivir. He visto golpear salvajemente, electrificar y asfixiar personas con bolsas. He visto interrogatorios muy violentos. Las víctimas han sido detenidas por delitos comunes.
¿Ha conversado con funcionarios del Sebin en confidencia? ¿Hay algo de complicidad, hay quienes quieran el fin de estos tiempos aviesos?
—Sí he conversado mucho con ellos y he aprendido mucho de ellos. De los malos y también de los buenos, porque los hay. En medio de la absoluta crueldad de este sistema, ha habido personas que me han ayudado. La mayoría no está de acuerdo con el gobierno aunque sí con la figura de Hugo Chávez. Tampoco son opositores. Lo que yo observo son funcionarios que ven esto como un trabajo y como una fuente de relativa estabilidad en medio de una crisis económica que también les afecta. Son gente que tiene mucho miedo a sus superiores, porque han visto y participado en muchas crueldades de las que ellos no están exentos. Parte de la formación de este cuerpo es hacer sentir a los funcionarios que no tienen derechos, y a partir de allí pueden tener gente incondicionalmente obediente. Ahora bien, pese a que un detective del Sebin gana tres veces lo que un policía, el sueldo no le alcanza. También tienen familia y viven los problemas del país. Una paradoja muy interesante es la irregularidad con la que a ellos mismos les llegan las bolsas CLAP. Además, estamos hablando de chamos muy jóvenes, que ni siquiera tienen pistola y que tienen que ocultar su credencial cuando se van a sus casas para evitar que los maten por “pacos” si los encuentran en el camino. Los chalecos antibalas están vencidos y tienen que comprar ellos mismos los uniformes. Esto es hoy el Sebin.
¿Aquellos que sí están convencidos de apoyar al Gobierno, qué le dicen?
—Son muy radicales y muy ignorantes. Gente realmente peligrosa que se siente invencible y que siempre estarán protegidos por el gobierno. No saben que los crímenes los van a pagar ellos, porque muchos de los chivos van a negociar su salida del país dejándolos colgados de la brocha. Como pasa en todas las dictaduras.
¿Le han dicho si tienen “en la mira” a otros dirigentes?
—Sí. Hay gente que es monitoreada con minuciosidad y que es considerada de alta peligrosidad para los intereses del gobierno.
¿Cuál es su estado de salud actual? ¿Ha lidiado con depresión, y ha sido atendida?
—He estado triste por mi familia, muchas veces. He llorado muchísimo. Pero la convicción de que esta es una parte de mi misión en la vida me protege contra la depresión. Yo no me siento una víctima, sino un hombre luchando por una causa justa. Yo he dedicado mi vida a este país y lo he hecho con la honda certidumbre de que vale la pena, pase lo que pase.
¿Obtuvo alguna respuesta de El Vaticano luego de la carta que envió el 30 de abril al papa Francisco?
—Sí, el Nuncio de su Santidad, Pietro Parolín, ha trasladado su preocupación por mi caso a mi esposa. Y también mantenemos regularmente contacto con la Iglesia venezolana, que ha asumido una posición de la que yo me siento muy orgulloso.
¿Ha habido algún cambio en Fiscalía con respecto a su caso en vista de la orden de excarcelación no cumplida?
—No. La Fiscalía en mi caso no ha actuado.
¿Cuáles son sus perspectivas sobre el escenario político: habrá desenlace, cuál pudiera ser?
—Yo creo que la democracia está a la vuelta de la esquina. Lo creo con el corazón en la mano. Pero muchas peleas se han perdido justo cinco minutos antes de ganarlas. Los venezolanos tenemos que resistir con la certidumbre de que esto que estamos haciendo no es nada en comparación con la recompensa. Este es un país requete-recontra -ultra-hiper hermoso. Con un potencial luminoso y con elementos que lo hacen incomparable. Todo este odio y esta maldad van a pasar. Aquí se perdió el miedo y nos quedaron solo la rabia y los sueños. Yo creo en Venezuela y en su futuro. Estoy preso por ese futuro y pasaré mi vida defendiendo la idea que tengo en la cabeza, para que otros vean a este país como yo lo veo y para que juntos la hagamos realidad.